Encerrado en una ciudad
insoportable, repleta de gente
empastillada y colapsada de
automóviles que giran por calles destruidas sin
dirección alguna, la
única solución posible para encarar las
próximas semanas era un
stop reparador en un paisaje urbano distinto.
Mi
alter ego,
Alexander Supertramp, me
decía "Be
it no
concern,
Point of no
returnGo foward in reverse", pero las posibilidades estaban limitadas a no mas de 500km de Capital.
Conocí Mar del Plata hace menos de 1 mes fuera de temporada y me
pareció una ciudad triste,
gris, decadente. No
podía entender como la llamaban "La Feliz". Fuera de temporada
debería llamarse "La Angustia". A partir de estos viajes fugaces que fui haciendo durante los fines de semana de marzo, gracias al
surf,
comencé a apreciar el valor
estético de la angustia que me
transmitía esa Ciudad y
decidí dejarme llevar, casi hipnotizado por esa energía que me
ponía tan
down down down. Playas desoladas, paradores abandonados, testimonios de algo
efímero como esa quincena otorgada por el empleador de turno para el trabajador rutinario, donde la felicidad parece estar mas ligada a una salida de la rutina y de la ciudad que a una
creación o una forma creativa de utilizar el tiempo libre. Carpas desarmadas, perros abandonados por sus dueños que forman
ejércitos de pandillas caninas, bestias repletas de odio y rencor, guardianes de los paradores, centinelas de los
medaños...
Las escolleras.
Dramáticos inventos del hombre para dominar el poder del mar. Brazos torpes de hormigón que se pierden en el
océano, solitarios. Merecen un
análisis aparte. Una fuente de
inspiración inagotable para el poeta suicida. Alfonsina fue al lugar correcto, pero yo en su lugar hubiera elegido tirarme de la escollera sur.
Pensaba que si Mar del Plata era la ciudad mas importante de la costa y me
había resultado tan deprimente,
había que conocer las otras ciudades balnearias de la costa
atlántica, y con ese objetivo
partíi a las 5.00
am del jueves a mi
road trip por pueblos o ciudades deprimentes de la costa. Y
después de conocer San Clemente del
Tuyú, Las Toninas, San Bernardo y Mar de Ajó,
entendí porque a Mar del Plata le decían "La Feliz".
Acá, algunas fotos del periplo, que empezó en uno de los puntos mas tristes. San Clemente del
Tuyú, Mundo Marino.

En Mundo Marino fui al
espectáculo de la famosa orca, fue divertido, me
pareció un animal
simpático, al igual que los lobos marinos. En la entrada al
espectáculo, unos
altoparlantes a todo volumen
hacían sonar
hits del estilo "de reversa
mami, de reversa" o
clásicos de Maná y la gente entraba copada por la
música, haciendo unos pasitos medio baile, como caminando y
moviéndose al mismo tiempo que me deprimieron
muchisimo. Sobre todo una señora con un conjunto de
jogging gris (pantalón y buzo gris).
Art decó en la principal de San Clemente.

Edificios abandonados, proyectos
inconclusos, pueblos sensibles a las crisis frecuentes de nuestra
economía tercermundista.

El marino y su barco encallado en el puerto de San Clemente.

Pero si hay una ciudad que realmente me fascinó es "Las Toninas". Quiero irme en inverno a "Las Toninas". Cuenta una vieja leyenda que esta ciudad
adquirió su nombre a
raíz de la
aparición de unos delfines muertos en la orilla del mar,
traídos seguramente por corrientes de aguas
cálidas que visitaron nuestro mar austral. Fue el hecho mas importante de esta Ciudad en los años 50. De allí su nombre y la razón de su fama.
Otra razón importante para visitar Las Toninas, es que tiene el laberinto mas grande del país. Si, un laberinto enorme,
natural, con 35 pasadizos sin salidas.


Mi
próxima entrega
incluirá fotografías que saque con mi
cámara, estas son del celular. Se viene el centro de Las Toninas, los
Video Games de San Bernardo y un hotel del 1900 abandonado en Mar del Sur, mi lugar en el mundo.